Desde Biarritz al muro de Gros - NoColor Studio
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Desde Biarritz al muro de Gros

Biarritz

Desde Biarritz al muro de Gros

 

Hace casi un año ya de esta escapada con mi hermano y otros dos grandes amigos, tenía el post sin escribir y es una pena ya que además del gran día que pasamos es una bonita ruta para que da juego con todos los amigos que vienen a visitarnos de fuera de Euskal Herria. En mi caso la he hecho ya en bastantes ocasiones y nunca deja indiferente a nadie. Una de las ventajas de haber perdido miles de hora en la carretera buscando olas es que me conozco la costa cantábrica desde Mutriku hasta Hossegor como la palma de mi mano, además la he recorrido prácticamente entera por mar y os aseguro que los rincones que tenemos no tienen nada que envidiar a ningún paraiso de revista que tanto nos meten por los ojos como si tuviésemos algo que envidiar.

Voy a hablaros de aquel día en que salimos hacia Iparralde con la esperanza de encontrarnos un festival motero que no resultó ser el que pensábamos pero nos sirvió de igual manera ya que nos llevó a una de las ciudades más especiales y bonitas del mundo para mí; Biarritz. Antes de llegar al aeropuerto según coges la recta principal al salir de la autopista está el concesionario oficial de Triumph y resulta que ese día tenían una especie de concentración con motos impresionantes de clientes y amigos. Estuvimos un rato secándonos la baba que se nos caía continuamente con las joyas que veíamos allí y pusimos rumbo al “centre ville”.

 

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Una vez llegas al corazón de la ciudad sientes una especie de teletransportación a otro tiempo y otro país. Una ciudad con una personalidad y elegancia que te atrapan y te seducen. La arquitectura, las calles, tiendas, galerías, restaurantes… todo está cuidado en un perfecto orden entre vanguardia y clasicismo. Una cosa que me agrada de manera especial es la cantidad de referencias “euskaldunas” que encuentras, en la señalética, en los edificios, los nombres de casas particulares, etc. Nunca se me olvidará un domingo paseando por el centro cuando de pronto de un bar una cuadrilla de simpáticos chalados cantaba a grito pelado “zu atrapatu arte” de Kortatu. Muy curioso.

 

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Una parada imprescindible es Maison Pujol, una pequeña tasca que hace esquina en una de las calles superiores del centro de la ciudad. Preguntad cuando estéis allí, todo el mundo la conoce. Os echais un Vermú con algo de embutido o foie y bajais paseando hasta la playa.

 

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Según bajéis por sus calles podréis ir disfrutando de la impecable arquitectura, un comercio exquisito y arte, en muchas galerías con exposiciones interesantes además de alguna que otra escultura “callejera”.

 

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Pero una vez te asomas al balcón de cualquier paseo y veas EL MAR, en mayusculas… es cuando te das cuenta de la complicidad perfecta que mantienen esta ciudad con la naturaleza marítima que le rodea. Las pequeñas islitas y los pedruscos gigantes que tanto en el mar como en la arena te dejan simplemente sin aliento.

El imponente Hôtel du Palais preside el inicio de la playa principal donde se encuentra el casino y la talasoterapia, una playa que en verano se abarrota de turistas con unas olas de calidad aceptable y unas vistas insuperables entre tantos pedruscos y el faro que parece querer saltar al agua.

Lo mejor es que aparques el coche en el parking que hay al lado del casino o un poco más arriba y continúes el paseo hacia la playa de “La Côte Basque” ya que el paseo no tiene desperdicio.

Hay un par de chiringuitos cutres en los que sentarte y comer una buena ración de “moules” (mejillones) exquisitos, aunque nosotros aquel día optamos por unos crepes de hamburguesa que estaban impresionante todo sea dicho.

Una vez que reiniciámos el paseo pasamos por la zona del viejo puerto que tiene un carisma especial, cruzas el estrecho, húmedo y oscuro tunel y vas a parar a la zona más especial de Biarritz, donde puedes ver la costa hondarribitarra, Jaizkibel, etc.

Hay una pasarela de madera preciosa que para mi es el punto más especial de la ciudad, ya que va sobre las rocas hasta terminar en un mirador con vistas que quitan el hipo. Por algo elegí este punto para la primera cita que tuve con mujer y donde 4 años más tarde le pedí la mano.

 

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Al retomar la carretera es importante no desviarse y coger la carretera de la costa ya que esconde grandes sorpresas en los puntos más insospechados. Una de las paradas obligatorias es Lafitenia, una impresionante cala a las afueras de San Juan de Luz exactamente en Acotz, si no la conoces no es fácil llegar, pero puedes buscarlo en el GPS.

Es una cala a la que bajas por una empinada cuesta y tiene un chiringuito muy vacilón para verano. El mar requiere un poco de fuerza per las olas aquí son de ensueño, por algo es la ola alternativa en el campeonato del mundo de Hossegor. Este día estaba muy, muy pequeño, pero había algún tablonero que se puso lila.

 

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Retomado el camino y pasado el pueblo de San Juan de Luz en el que debeis parar, pasear por sus calles y comeros un gofre de chocolate (OBLIGATORIO 😉 pasareis por una carretera llena de acantilados vertiginosos llenos de flysch y erosión de mar a lo largo de millones y millones de años, es realmente impresionante, más aún si haceis la ruta con personas del interior que no ven muy a menudo el mar, alucinan en colores.

 

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La siguiente parada en la misma carretera es el Chateau d´Abbadie, un espacio singular en un marco incomparable lleno de misterio, naturaleza y astronomía. No voy a extenderme demasiado para que vayais a hacer la visita, guiada por el interior del chateau que merece la pena, solo os diré que el señor Antoine d´Abbadie un loco de la astronomía y los viajes a África hizo un agujero en todo el castillo desde su observatorio hasta la entrada principal con intención de ver el monte Larrun. En una de las fotos se puede ver el agujero con otra cita en Euskara que define como le salió aquel experimento de dejar su castillo como un queso gruyere… “Ez ikusi, ez ikasi” (ni ver ni aprender) jeje un grande este Antoine.

 

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Para terminar el día llegamos a casa, a la playa que me ha visto crecer desde hace casi 20 años… nos sentamos en el muro de gros con toda la “crew” del barrio, jeje la verdad es que se junta mucha gente joven para ver los atardeceres desde estelugar tan especial, hay gente interesante, grandes amigos y también grandes alucinados, pero como en todos los lados. Si coges un huequito, unas birras en la frutería al lado del Warung y te sientas con tus grandes amigos a ver como el sol tiñe de rojo las olas y se apaga poco a poco en el mar, el momento es indescriptible.

 

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